5 de diciembre de 2010

Dame un motivo, un gran motivo para no tomar al pie de la letra estas caricias tremendas, chifladas. Y vamos así, barcos piratas de madrugada.
Dame un motivo, solo un motivo para no llenarte el cuello de besos fantasmas. Importa muy poco si tú corazón vive en un piso 40 sin ascensor. Supongo que no te pienso mentir más que lo que estafan los espejos. Ya despilfarré sangre y sudor, allá tiempo y hace lejos. Donde pongo el ojo pierdo el pelo, viejo zorro, pólvora mojada; pero pasaría muchas sobremesas en aquel tatuaje en tú espalda.


Ivan Noble; dame un motivo
Mi sombra busca novio mientras duermo, las cosas empeoraron esta vez. Mi horóscopo sugiere que lo olvide, que nunca fui su tipo ni lo seré. Soy un peligro a bordo de mis huesos, pero de polizonte no me va tan mal.
Me encontré anteanoche al angel de mi guarda, lo último que hicimos fue rezar… Otro vaso y me voy, que tenemos toda la muerte por delante. Que pase la vida que viene muerta de hambre. Otro vaso y me voy, !que no ni que ocho cuartos!
Si somos dos solos juntando los pedazos, tan sólo criaturas buscando algún abrazo. Respecto a mis segundas intenciones, no tengo demasiado que agregar: si miento no me guardo ni un centavo, pero si estornudo digo la verdad. Yo aviso que a la autopsia de mis sueños no pienso ir ni de casualidad, ya bastante tengo con las cicatrices que guardo para la posteridad.
Otro vaso y me voy, que tenemos toda la muerte por delante. Que pase la vida que viene muerta de hambre.
Otro vaso y me voy, !que no ni que ocho cuartos! Si somos solitos buscando los pedazos. Si somos mosquitas buscando algún abrazo.


Ivan Noble, otro vaso y me voy


Mi amor se gana el pan todos los días, se raspa las rodillas, apura sin ganas el café de la mañana, tira sus dados, baila valsecitos con los pies desafinados.
Tu amor tiene la lágrima prohibida, tristezas que hacen fila, los párpados caídos y un adiós en el bolsillo, atragantado. Juega a la soga en la casa del ahorcado.
Cada cual carga sus cruces como puede, cada quien es cartonero de su suerte. Y no retiro lo dicho, corazón, más vale lo firmo con mis huesos porque hoy, yo no retiro lo dicho, corazón, más bien te lo firmo con mis dientes porque hoy me quedo con vos...
Tu amor es una puta encariñada, vestida a la marchanta, que muerde cuando besa y se sube a la cabeza, mala bebida, barco empecinado en el mar de las desdichas.
Mi amor es un revólver mal guardado que enviuda a cada rato, sueña en espirales y se come los amagues de tu mirada, tiritando a la orilla de tu espalda...
Cada cual carga sus cruces como puede, todos somos desertores casi siempre; y no retiro lo dicho, corazón, más vale lo firmo con mis huesos porque hoy yo no retiro lo dicho, corazón, más bien te lo firmo con mis dientes porque hoy me muero por vos...

Ivan Noble; no retiro lo dicho.

24 de noviembre de 2010


Siempre vas a contar conmigo. Es un pacto. La vida te da y te quita. Eso también es un pacto. Un pacto es un refugio. Cuando el pacto se rompe quedamos desprotegidos, a la intemperie. Romper un pacto, como una amistad, es algo imperdonable.

Alguien cumplió con su parte del pacto.

No dañar debería ser el mandamiento fundamental. No dañar y no defraudar a los que nos quieren. Yo le prometí que siempre iba a estar con el. Un pacto se hace de a dos. Juramos sernos fieles. Juramos estar. Juramos estar siempre uno al lado del otro.

Te juro, te prometo, te doy mi palabra. Siempre estamos pactando

¿Para qué lo haremos?


Entenderse con la mirada. Esa expresión siempre me pareció tan trillada, vacía. Ahora veo que es un pacto implícito, lleno de sentido.

Gracias. De nada. Diciendo sin decir cumplimos nuestro pacto.

Hoy necesito nuevos pactos para vivir.

Mi pacto con vos está escrito en las estrellas. Es más fuerte que la distancia y el tiempo, es un pacto que vence al destino.

Él me dijo, "nunca te voy a abandonar".
Y nunca es nunca,
¿no?

Me juego por ellos porque confío en ellos, y confío porque ellos confían en mí. Ese es mi pacto.


Crecí con vos,
me prometiste que siempre ibas a estar conmigo, y a pesar de las paradojas, ese pacto sigue firme. Estuviste ahí, conmigo, incluso cuando yo no era yo. Quiero hacer un pacto con vos, que por favor entre nosotras el rulo siempre vuelva. Siempre supe que ibas a estar, jamás dudé de vos ¿Cómo hago para dejarte ir? Estoy orgulloso de tu lucha, de tu pelea. Nunca dudé de vos.


Prometer que vas a cambiar y lograrlo, es cumplir un pacto. La esperanza es fácil cuando a tu alrededor estás llena de amigos, de tíos, de personas que sin decirlo te juran amor eterno.


Saber que nadie te va a soltar la mano no tiene precio.
Ni hay que decirlo, es un pacto silencioso.
No hace falta que le diga lo que significa para mí.
“Gracias por ser tan generoso.”
Él sabe todo lo que le debo y lo voy a extrañar siempre.
"Te voy a querer siempre, pase lo que pase".

Una amistad es un pacto, un contrato tácito, un acuerdo de palabra sin palabras. Los dos sabemos que eso significa, "somos hermanos desde los 11 años, y cuando estamos juntos no le tengo miedo a nada". No hace falta decirte que te quiero mucho, que sos mi hermano, que doy mi vida por vos y eso es literal.

A todos nos contaron la historia de Adán y Eva. Vivían en un lugar perfecto, donde nada faltaba y donde se era feliz sin esfuerzo. Cada día agradecían al señor y hacían una alabanza: "Aleluya! Alabado sea Dios por este paraíso”.
Pero por desobedecer una ley nos expulsaron del paraíso, aunque yo creo que fue mucho peor que eso.
No nos expulsaron, sino que nos dejaron en el paraíso pero ciegos. Nos quitaron la capacidad de ver el paraíso en el que vivimos. Si uno pudiera abrir los ojos y ver, ver lo que nos rodea, los milagros cotidianos, la belleza, el milagro del amor, de la amistad. Si pudiéramos ver la magia de cada día, los amaneceres y los atardeceres, el poder de la naturaleza
A todos nos contaron la historia de Adán y Eva. Vivían en un lugar perfecto, donde nada faltaba y donde se era feliz sin esfuerzo. Cada día agradecían al señor y hacían una alabanza: "Aleluya! Alabado sea Dios por este paraíso”. Pero por desobedecer una ley nos expulsaron del paraíso, aunque yo creo que fue mucho peor que eso. No nos expulsaron, sino que nos dejaron en el paraíso pero ciegos. Nos quitaron la capacidad de ver el paraíso en el que vivimos. Si uno pudiera abrir los ojos y ver, ver lo que nos rodea, los milagros cotidianos, la belleza, el milagro del amor, de la amistad. Si pudiéramos ver la magia de cada día, los amaneceres y los atardeceres, el poder de la naturaleza. Si pudiéramos ser conscientes de la vida que siempre se abre paso. Si entendiéramos que existir ya es estar en ese paraíso diríamos todos los días “Aleluya”. Aleluya por poder ser testigos y parte de este milagro. Aleluya por tener la capacidad de emocionarnos. Por ser los únicos seres capaces de reír y de llorar. Pasamos toda nuestra vida intentando regresar al paraíso cuando en realidad vivimos en él. Solo hay que abrir los ojos, despertar y verlo. No solo estamos en el paraíso, sino que somos el paraíso. Aleluya, alabado sea Dios, la vida, la energía o lo que vos creas. Aleluya por eso. Aleluya por el amor, por la alegría y por el dolor. Aleluya por los amigos, hermanos, padres, madres, hijos, aleluya. Aleluya por ese paraíso en el que vivimos y por el que vale la pena sacrificarse.. Si pudiéramos ser conscientes de la vida que siempre se abre paso. Si entendiéramos que existir ya es estar en ese paraíso diríamos todos los días “Aleluya”.
Aleluya por poder ser testigos y parte de este milagro. Aleluya por tener la capacidad de emocionarnos. Por ser los únicos seres capaces de reír y de llorar. Pasamos toda nuestra vida intentando regresar al paraíso cuando en realidad vivimos en él. Solo hay que abrir los ojos, despertar y verlo. No solo estamos en el paraíso, sino que somos el paraíso.
Aleluya, alabado sea Dios, la vida, la energía o lo que vos creas. Aleluya por eso. Aleluya por el amor, por la alegría y por el dolor. Aleluya por los amigos, hermanos, padres, madres, hijos, aleluya. Aleluya por ese paraíso en el que vivimos y por el que vale la pena sacrificarse.

Es mi corazón que se desintegra
porque me falta lo más importante.
Necesito escuchar tu voz,
volver a hacernos el amor.

- volver a sufrir y a vivir
por ti, negrito.



Cómplices de mi l o c u r a


Como elevas mi necesidad, como me haces trizas sin piedad...

LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA
LOCA


No te canse ahora, que esto solo empieza.
Mueve la cabeza, Danza Kuduro!



Sofocante, esto se puso

in

te

re

san

te

Malgastó caricias

en los despertares...

Personalmente creo que todo esto es
una locura!




Acompáñame en el viaje que volar sola no puedo.


¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿Sentiste a los asuntos pendientes volver, hasta volverte muy loco? Si resulta que si, si podrás entender lo que me pasa a mi esta noche, el ya no va a volver y la pena me empieza a crecer adentro, la moneda cayó por el lado de la soledad y el dolor...

Todo lo que termina, termina mal, poco a poco. Y si no termina, se contamina más, y eso se cubre de polvo.


Quiero emborrachar mi corazón para apagar un loco amor, que más que amor es un sufrir...
Y aquí vengo para eso, a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas.
Si su amor fue flor de un día, por que causa es siempre mía esa cruel preocupación.
Quiero, por los dos, mi copa alzar para olvidar mi obstinación, y más lo vuelvo a recordar.
Nostalgias, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración.
Angustias,
de sentirme abandonada y pensar que otro a su lado pronto, pronto le hablara de amor.
Hermano, yo no quiero rebajarme ni pedirle ni llorarle ni decirle que no puedo mas vivir.
Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud.
Gime, bandoneón, tu tango gris quizás a ti te hiera igual
algún amor sentimental.
Llora mi alma de fantoche
sola y triste en esta noche, noche negra y sin estrellas. Si las copas traen consuelo, aquí estoy con mi desvelo para ahogarlos otra vez. Quiero emborrachar al corazón para después poder brindar por los fracasos de un amor.

23 de noviembre de 2010


Tengo que poder cerrar un ciclo para poder continuar. Tengo que poder dejar todo atrás, poder guardar los recuerdos en un cajón y poder cerrarlo. Tengo que poder aceptar que todo terminó, tengo que limpiar mi cabeza, poder darme cuenta que lo que fue no volverá a ser.

Cuando no podemos dar por cerrada una etapa de nuestra vida que ya pasó, que ya terminó, no podemos empezar una nueva.

La vida es un continuo despertar, está hecha de etapas, de momentos. Cuando una etapa nos marca, nos identifica y es difícil de cerrar, es difícil de dejar atrás. Porque es inolvidable, es imposible de olvidar. Pero no hay que olvidar, sino que hay que saber quedarse con lo bueno, saber guardar recuerdos y poder ser felices con ellos, o con lo que quede de ellos. Simplemente tenemos que saber decirnos: “esta etapa de tu vida, tiene que cerrarse. Seguí creciendo

Hay veces que debemos dar por terminada una etapa; aunque no sea lo que queramos. Tenemos que hacerlo, tenemos que cerrarla para poder avanzar, para seguir creciendo. El fin de una etapa es el comienzo de una nueva. Cuando no cerramos bien la puerta de los recuerdos, hay algunos que se filtran, vuelven; y a veces lastiman.

Para comenzar un nuevo ciclo tenemos que dar por terminado el ciclo anterior. Todo tiene su momento, y hoy ese momento, ya pasó. Esa etapa se tiene que cerrar, quiero comenzar otra. Tengo que dejarme avanzar, dejarme volver a vivir, dejarme seguir creciendo, quiero volver a ser feliz.

Guardar los recuerdos, los pensamientos, las palabras que susurran, las sensaciones que siempre vuelven; guardar, archivar, cerrar, terminar.

Así y solo así, guardando y cerrando esa primer etapa hermosa y tierna, pero al fin dolora, es que puedo permitirme comenzar de nuevo. Tengo que resistirme a querer volver, tengo que avanzar. Tengo que seguir creciendo, no puedo quedarme detenida en un momento. ¡Voy a crecer!

Caro P.

20 de noviembre de 2010

Para transitar algunos dolores, para poder abrirnos a ellos, hay que animarse a perdonar. Perdonar es soltar la culpa, dejarla ir. La culpa es un ancla que nos detiene. Al perdonar, al soltar la culpa, nos soltamos nosotros. Nos permitimos avanzar. Castigarnos una y otra vez por algo que no podemos cambiar nos detiene en el tiempo.
Hay que salirse de la huella, de esos pasos que nos llevan una y otra vez al mismo camino. Perdonar, perdonarse, es crecer.
Hay que animarse a avanzar, a no repetir las mismas respuestas a los mismos problemas. Nos cuesta perdonarnos y eso nos destina a quedarnos congelados en el error que cometimos. No perdonarnos es nuestra forma de castigarnos. Perdonar es más que perdonar a otro, es entender que no somos culpables de las impotencias de los otros. Cuando repetimos aquello que nos hace mal en realidad es nuestro intento por repararlo. Es un intento porque aquello que fue no sea. Cuando volvemos al mismo sentimiento buscamos la chance de cambiar lo que pasó. Perdonarse es soltar la culpa de existir.
Hay deseos muertos, que nos atan. Nos detienen en el camino. Están los otros, los que nos empujan, los que nos abren el camino. Los deseos muertos quieren cambiar lo que no se puede cambiar. Nos hacen mirar atrás, niegan el perdón y la posibilidad de perdonar.
Perdonar es dejar en el pasado lo que es el pasado. Es acomodar ese trauma en donde corresponde. Es reconstruir desde las ruinas. Es cerrar esa puerta. Es dejar que el tren avance. Es volver a jugar el partido. Es afirmar la propia identidad. Es animarse a ser otro. Es superar nuestros miedos. Es enfrentar nuestros miedos. Es luchar contra nuestros demonios. Es reencontrarse con uno mismo.
Perdonar y perdonarse es soltar eso que nos tiene detenidos en el tiempo, y al fin poder avanzar.

14 de noviembre de 2010

Cuando te detenés a mirar al mundo, a observar la belleza que nos rodea; cuando amás a una chica o a un chico; cuando te reís hasta que no podes más con tus amigos; cuando haces lo que amas hacer; cuando viajas a un lugar que no conoces; cuando escribís una canción; cuando se te acelera el corazón ante una mirada; cuando haces el amor... te sentís vivo.

Pero no es solo la felicidad lo que te hace sentir vivo; sino saber que dejás un testimonio de tu vida. Saber que cuando ya no seas, algo de vos seguirá vivo en los que vendrán. Pero si sabés que no hay futuro, que nada de lo que hagás, ningún legado que dejés, ninguna contribución que hagás, te va a sobrevivir; si sabés que todo se termina... ¿es posible sentirse vivo?

Las cosas que nos hacen sentir realmente vivos son las cosas que vencen a la muerte, las que perduran en el tiempo. Porque el éxtasis, la felicidad, es trascender. Es en ese momento cuando todos somos eternos. Y estamos vivos de verdad.

De todas las formas de egoísmo, la peor, es no pensar en los que vendrán. Sin ellos, sin la noción de que la vida es un ciclo sin fin, nada tiene sentido.

Te sentís vivo, no cuando la vida pasa, sino cuando vos pasás por la vida. Cuando perdés el miedo a morir, y a vivir. Te sentís vivo cuando sabés que cada momento es único, irrepetible. Cuando sabés que nada empezó, y nada terminará con vos.

Sólo sabiendo que habrá un mañana es que podremos vencer a la muerte, y sentirnos vivos.

El deseo es un testigo de lo que nos falta...



...de lo que no somos y deseamos ser.

Todo llega, dicen... y es verdad. El problema no es si llega, sino cuándo llega.

A veces las cosas llegan cuando ya es tarde. Otras veces, lo que esperas llega cuando aun no estás listo. Todo tiene su momento. Antes o después de ese momento, nada prospera.

El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. Es llegar cuando la fiesta terminó. El destiempo no es sólo que algo te llegue tarde, es también, llegar tarde a eso.

Es no tocar a tiempo la nota justa, es perder el tren, o un perdón que demoró en llegar. Es un desencuentro.

El destiempo es como una fruta verde, amarga. El destiempo es una tarde fría en verano. Es lo opuesto al lugar y la hora indicada. El destiempo, es una ironía.


Cuando amamos, intentamos llamar la atención del otro de cualquier manera. Pero por lo general lo que nos puede conducir al corazón del otro, es algo insospechado, misterioso.

El corazón es un órgano, muy sensible. Tiene razones que la razón desconoce. El corazón es muy poco previsible, lo que a unos enamora, a otros desenamora.

Pero a veces, de pronto, sin buscarlo, sin saber por qué ni cómo; encontramos ese lazo de plata que conduce al corazón del otro. Ese lazo, que ni él ni ella misma sabe qué es.

¿Pero qué es ese lazo de plata que conduce al corazón de las otras personas?

¿Por qué para algunos funciona el amor a primera vista, y otros nunca lo ven?

No hay claves ni estrategias que valgan, porque ese lazo que lleva al corazón del ser amado, es un misterio.

Nadie puede explicar por qué ama, ni por qué es amado. Algunos aman porque son amados. Otros, son amados, porque aman. Hay corazones precavidos, reacios a dejarse amar. La única certeza es que cuando encontramos el lazo de plata que lleva al corazón del otro, es para siempre.



Con nuestros ojos podemos ver todo, salvo a nosotros mismos. Para eso necesitamos un espejo. O alguien que nos espeje. Un espejo puede ser otra persona, una palabra, un libro, una canción. Todo aquello que nos refleje. Pero hace falta mucho coraje para mirarse al espejo y aceptar lo que vemos. Porque eso, nos guste o no, es lo que somos.

12 de noviembre de 2010

Con los años se nos cae el pelo, nos salen arrugas, engordamos, adelgazamos. Pero siempre mantenemos un color inalterable que nos hace únicos. Ese color es nuestra esencia.
Se puede madurar, se puede crecer, se puede aprender. Pero siempre está ese algo de nosotros mismos que se mantiene fiel, inalterable.
Es como comer tu plato preferido o escuchar esa canción que te gustó siempre que para vos nunca pasó de moda, o como reencontrarte con tus amigos de toda la vida. Es reencontrarte con vos, es volver a casa. Una canción, una palabra, un amigo, una mirada, un punto de encuentro es volver a casa.
Leí en un libro que la felicidad es el hábito de las cosas buenas, es volver una y otra vez a lo que nos hace bien.
Volver a casa.
Un gesto que se repite, una mueca de complicidad, un traspié que nos recuerda quienes somos, donde estamos, para que viajamos. Símbolos de la vuelta a casa.

El hombro de ese amigo que te sostiene no va a cambiar aunque él cambie y vos cambies. Vayas a donde vayas, ese amigo va con vos. Es como el sonido de tu risa. Cuando es verdadera, cuando te sale de la panza, no cambia nunca. El tono de tu voz, pero ese tono que te aparece solo cuando hablás con alguien que amás, no cambia nunca. Ese rasgo que te hace único no cambia. Tu manera de llorar no cambia. Y lo que necesitas para sentirte mejor tampoco cambia. Todo eso que sos, que trajiste con vos y que te llevarás con vos no cambia. Eso que llevás con vos, vayas a donde vayas, es lo que te hace sentir en casa. Por más lejos que vayas, por más que te extravíes, siempre llega la hora de volver a casa.


Para construir algo nuevo hay que destruir lo anterior, limpiar, poner los cimientos, preparar el terreno. Ser jóvenes tal vez es comprender que somos constructores, arquitectos de nuestra propia vida. Hoy estamos construyendo futuro. Un ladrillo sirve para construir casas que alberguen sueños, puentes que unen diferencias, defensas que nos protejan. Pero también sirve para levantar muros que nos separan y nos vuelven irreconciliables.

Lo que pasó, pasó. Pero uno puede verlo de una manera, de otra, de mil maneras. Algunos sobreviven a un naufragio, otros se ahogan en un vaso de agua. Podemos convertir la tragedia en una comedia o en un melodrama, eso es una elección. Uno elige como contarse la historia. Podés ponerle la melodía que más te guste a tu canción: alegre, melancólica, pop, vos elegís. Vos elegís como querés que suene tu historia. Tu canción es la manera en que vos contás y cantas tu vida. Tu canción es esa melodía que aparece para sacarte a flote, es tu esencia, los ojos con los que ves la historia de tu vida. Es esa canción que te recuerda quien sos. Tu canción es la que te salva, te despierta. La que siempre suena a pesar de todo. Porque tu canción es la que vos mismo escribiste desde lo más profundo de tu corazón.

8 de noviembre de 2010


El miedo que te meten a vivir parece ya no tener vuelta atrás
y tu grano de arena nunca tapa el mar.

Te quieren vender el buzón!


Y aunque yo sepa que el lado oscuro va a ganar,
sabes con quien vas a pelear;

¡mas de una vez vas
a soñar conmigo!

La música es como la varita mágica del hada madrina, transforma las calabazas en carrozas. Un día de invierno, olor a tostadas, dulce de leche, una ventana mojada por la lluvia, risas, carcajadas, un perfume intenso. Una pelota de fútbol embarrada, olor a choripán, espuma de afeitar, un abrazo, una voz, un álbum de Una pileta climatizada, olor a cloro, ojos rojos, sandwichitos de jamón y queso, una canción en francés, una foto, cuatro amigos en la playa. Vodka, sombreros de piel, un fogón, una guitarra, una olla quemada, un guiso con gusto a quemado, un atardecer triste. Una pollera de tul, piso de madera con olor a polvo y humedad, paredes húmedas, frías, silencio, un caballito de carrusel, una muñeca de trapo. Lluvia, soledad, un auto con olor a nuevo, un bosque, olor a pólvora, tierra removida, gritos. Guantes de box, olor a cuero, una fuente con olor a jazmines, tierra arrasada, fuego, humo, una manta, frío y calor. Ruido de tacones sobre un piso de madera, olor a paella, volado y lunares, un río, un atardecer, el calor de su pecho, el olor de su piel. La música llega donde no llegan las palabras, es un olor, es un color, una textura, llega directo al centro de tu alma. No pensar, sentir, nunca somos más genuinos que cuando escuchamos una canción que nos conmueve. Para mí la música es magia, la música es un milagro, un milagro que nos encuentra, un milagro que nos ilumina.