14 de noviembre de 2010



Con nuestros ojos podemos ver todo, salvo a nosotros mismos. Para eso necesitamos un espejo. O alguien que nos espeje. Un espejo puede ser otra persona, una palabra, un libro, una canción. Todo aquello que nos refleje. Pero hace falta mucho coraje para mirarse al espejo y aceptar lo que vemos. Porque eso, nos guste o no, es lo que somos.

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