“De algún modo, ella no quería confesarle que estaba harta de roda esa gente que parecería querer preocuparse por ella. Él acarició su mejilla suavemente. Su corazón latía tan fuerte que seguramente él podría oírlo. Jugó delicadamente con su pelo. El toque de sus dedos enviándole oleadas de sensaciones. Iba a besarla, eso quería ella, ¿o no? Entonces ¿por qué se sentía como si estuviera tambaleándose al borde de un precipicio lista para suicidarse en un instante? Luego, sus labios se encontraron y ella dejó de pensar. Sólo un sentimiento: la ternura de su beso, la fuerza de sus brazos a su alrededor, el latido regular de su corazón bajo su mano mientras ella se entregaba a los brazos de él. Había un precipicio y ella caía perdidamente enamorada. Enamorándose de él”
16 de agosto de 2011
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